CUBA DESPUÉS DE FIDEL

CUBA DESPUÉS DE FIDEL 

La renuncia al cargo de Presidente del Consejo de Estado de Fidel Castro abre, sin duda, una nueva era política para Cuba. 

La figura carismática que ha dirigido la Revolución desde 1959 desaparece de la primera línea política abriendo, de cara al futuro,  un abanico de posibilidades que en este trabajo se van a analizar desde una lógica comparativa. 

La desaparición, física o política, de líderes carismáticos tiene diferentes implicaciones para sistemas de corte totalitario que para sistemas fundamentalmente autoritarios. 

En estos últimos, la personalidad del dirigente tiene, con respecto a la estabilidad del sistema, más peso que el aparato político-burocrático creado para apoyarle en su labor. Por el contrario, en los regímenes totalitarios el partido o grupo dominante escoge a sus líderes más como timonel que como comandante de la nave, de manera que el rumbo es marcado más por el aparato que por la persona.  Es importante notar que la Revolución Cubana instauró en la isla un régimen socialista de orden totalitario, en el cual, al lado de la figura indiscutible de Fidel Castro Ruz ha aparecido un aparato político nucleado alrededor del Partido Comunista Cubano que controla el devenir político de la isla.  

Lejos quedan pues las analogías personales y políticas con regímenes como los del General Franco o del General Pinochet, de corte autoritario pero con una progresiva vocación de transitoriedad en sus corrientes políticas y sociológicas más representativas. 

Por otra parte, los factores culturales y sociológicos también son de gran importancia a la hora de, al menos, modular las características de los distintos casos de regímenes no democráticos. Partiendo de la base de que no hay dos casos iguales habría que buscar pues modelos en los regímenes comunistas (al final es el factor ideológico el que marca el devenir político de las no democracias) atemperados por los factores socioculturales mencionado. 

Cuba presenta una situación definida por los siguientes parámetros:

  • Inexistencia de oposición interna potente.
  • Existencia de una “segunda Cuba” en EE.UU. con enorme poder económico y en oposición visceral al Castrismo.
  • Existencia de un todopoderoso y omnipresente partido comunista, controlador de la vida en Cuba en todos sus resortes.
  • Presencia abrumadora y sorda al mismo tiempo de los EE.UU.
  • Liderazgo de gran nivel decadente, con una sucesión mucho menos carismática.
  • Situación económica penosa, social desestructurada y política no homologable.

 El panorama anterior nos lleva a pensar que un cambio en la isla se impone de manera casi natural. Parece inevitable. A su vez, los modelos de “transición” hacia “algo distinto”, esto es, la manera de gestionar ese cambio necesario, son fundamentalmente dos: 

  • Modelo Soviético, que implica un proceso relativamente corto de tiempo (2-3 años) con un cambio político primero que posibilita una transición económica y social después.(De la política a la economía)
  • Modelo Chino, que supone una apertura económica sin cambio político formal, y que se prolonga durante un periodo más largo de tiempo.(De la economía a la política)

 ¿Qué es lo que determina la diferencia entre uno y otro modelos? La respuesta pasa obligatoriamente por el liderazgo. En el caso soviético, Mijail Gorbachov demostró a su país y al mundo una clarividencia y un patriotismo que se impusieron, no sin resistencias,  a todas las inercias creadas por el inmenso (e inmensamente podrido) aparato del estado. La Rusia soviética demostró que, salvo en el caso quizá de Kruschev, la calidad de sus líderes estaba a la altura de la posición de la URSS en el mundo, salvedad hecha de la calificación moral de las personas y el régimen, por supuesto. 

En el caso chino, Deng Xiaoping y sus sucesores, no han querido o más probablemente no han podido profundizar en unas reformas cuyo final, por mor fundamentalmente de las peculiaridades chinas, hicieran de la era Mao una reliquia (abominable) del pasado.

La cultura y el tamaño chinos probablemente requieran de una solución como la actual, dicho quede con la “nariz tapada”. 

Extrapolando a Cuba, hay que preguntarse: ¿es Raúl Castro un Gorbachov o un Deng? ¿es Cuba una Rusia o una China? ¿Florida es Taiwán? En la combinación acertada de las respuestas a estas preguntas está el futuro del amado país caribe. 

La opinión del autor de estas líneas es que cultural y sociológicamente Cuba presenta muchas más similitudes con Rusia que con China. Pero sin embargo, el liderazgo de Raúl no es comparable al de Gorbachov y los privilegios del aparato pesan demasiado frente a unos exiliados que querrán volver y volverán. Y además Florida no es Taiwán. Florida, con cerca de 3 millones de cubanos y cubano-americanos es mucho más importante para Cuba que Taiwán para China.  

La clave del éxito de los siguientes 10 años en Cuba estriba en que el reencuentro de los que se fueron con los que se quedaron se produzca de manera no traumática. La recuperación del patrimonio  expropiado será el caballo de batalla. El aparato, conocedor de las necesidades de reforma, pero temeroso de una apertura política que les deje desprotegidos, empujará a Raúl Castro a impulsar reformas económicas que, progresivamente permitan a los exiliados y a otros inversores extranjeros irse haciendo un hueco económico y social en la isla sin por ello alterar los centros de poder.

En menos de 10 años, tiempo en el que los líderes más comprometidos alcancen una edad de “jubilación” en la que su venerabilidad les proporcione una cierta dosis de protección y que les permitirá aprovechar las oportunidades económicas para amasar patrimonios de “seguridad”,  veremos cómo se reconoce la propiedad privada, y cómo se autorizan los regresos libremente.

Surgirán de entre las juventudes del partido escisiones de corte social demócrata al ver cómo sus mayores aprovechan la nueva coyuntura y en 15 años podemos asistir a un florecimiento de Cuba como el que todos deseamos.

Florecimiento, todo sea dicho, trufado de corrupción generalizada. La Fuerzas Armadas, leales a Raúl Castro, asegurarán la tranquilidad en este tránsito. 

Por cierto que la desaparición física de Fidel Castro proporciona a los Estados Unidos una excusa inmejorable para el levantamiento de un embargo inútil y contraproducente que, por inefectivo al no ir acompañado de un bloqueo, ha fortalecido casi como ningún otro factor al régimen comunista.  

Madrid, a 26 de febrero de 2007

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